Kennedy Bahía, un artista tapicero chileno en Brasil – Por Cristián Oschilewski



Resumen

Kennedy Bahía fue un artista chileno que desarrolló una singular obra de tapicería por espacio de tres décadas en Brasil. A dieciséis años de su muerte se esboza una breve biografía que busca rescatar su vida marcada por el color, el paisaje humano y natural de Bahía, estado de la costa del Nordeste que eligió como su hogar.


Abstract

Kennedy Bahía was a Chilean artist who developed a unique tapestry work for three decades in Brazil. Fifteen years after his death, a brief biography is outlined that seeks to rescue his life marked by color, the human and natural landscape of Bahia, a state on the Northeast coast that he chose as his home.


Introducción

Motivo de orgullo para los mediadores culturales del Palacio de la Alborada de Brasilia, se encuentra un tapiz de gran formato titulado Flora y Fauna de Bahía, elaborado en 1971 por el artista chileno Kennedy Bahía (1926-2005). Ubicado en el Salón de Estado de esta gran obra de la arquitectura de Oscar Niemeyer (1907-2012), dicho textil llama la atención del visitante por su cálida y colorida abstracción que rinde homenaje al paisaje natural de uno de los estados más ricos culturalmente de Brasil. De hecho, muchos jefes de estado y de gobierno extranjeros suelen visitar al mandatario brasileño de turno en su residencia oficial y dicho tapiz ha protagonizado el paño de fondo de numerosas audiencias y fotografías protocolares. Su autor fue un ingeniero en minas chileno, quién por distintas circunstancias de la vida, arribó a Brasil y se convirtió en un destacado artista plástico y textil. Logró sintetizar como pocos,los aspectos más esenciales de la cultura bahiana. Este ensayo se propone un acercamiento a la vida y a la obra de un artista poco conocido en Chile, pero que en tierras de Jorge Amado (1912-2001) y Dorival Caymmi (1914-2008) tuvo un papel muy destacado en la construcción de esta iconografía regional.


Una Biografía

Hijo de padre irlandés y madre boliviana, Patricio Bernabé Kennedy Maderos nació en la ciudad de Valparaíso el 11 de junio de 1926.[1] Gran parte de su vida la desarrolló en la ciudad de Viña del Mar, donde Patricio Kennedy, luego de egresar de la secundaria, se sintió atraído por la riqueza minera de los Andes y decidió estudiar la promisora carrera de Ingeniería en Minas de la Universidad de La Serena.

Una vez titulado, trabajó por espacio de cuatro años en la Amazonia boliviana en yacimientos de oro para luego trasladarse a Nicaragua. Tras la caída de Somoza en 1956, regresó a Chile, y posteriormente, en 1961 viajó a la región brasileña del Alto Tapajós (estado de Mato Grosso), donde fue contratado por una empresa local[2]. Sin embargo, al poco tiempo contrajo malaria e imposibilitado de trabajar en la selva y buscando mejor atención médica en el estado de Bahía,comenzó a desarrollar su afición por el dibujo y la tapicería plasmando la exuberante naturaleza tropical que le rodeaba. La flora y fauna se convirtieron en los elementos más característicos de sus creaciones en este punto de la costa del nordeste brasileño.


Instalado en la capital Salvador en 1963, comenzó a vincularse con el ambiente artístico bahiano donde a comienzos de los años sesenta se vivía una notable revalorización de la cultura local, mediante la producción de importantes figuras de la música como Dorival Caymmi y Caetano Veloso; de la plástica, con Carybé y Genaro de Carvalho; y la literatura, con el gran Jorge Amado. Es en esta etapa de su vida – como relata hoy Cintia Kennedy, unade sus nueve hijos/as – que su arte comenzó a despuntar mediante el acercamiento del artista al mundo textil, de fuerte arraigo en la manualidad de hombres y mujeres de la región. Una figura muy importante en este periodo fue la orientación brindada por el profesor de bellas artes y pintor bahiano Emídio Magalhaes (1907-1990). También fue en la primera capital del Brasil colonial donde Patricio decidió adoptar el nombre artístico de Kennedy Bahía, en homenaje a la nueva tierra que lo acogió.


Tapicería

Convertido en Kennedy Bahía, emprendió una exploración del mundo de las tapiceras cuya tradición textil era de longa data en Salvador. A través del trabajo de estas mujeres comenzó a trasladar sus creaciones en dibujo a tapices de lana de algodón, elaborados manualmente, dotándolos de vívidos colores y figuras geométricas alusivas a la flora y fauna del país. Su amistad con el artista tapicero Renot, durante sus primeros años en el barrio de Amaralina, fue fundamental para la asimilación de la historia, las narrativas y las imágenes de una Bahía en pleno proceso de reafirmación cultural, estimulada a su vez, por el creciente turismo que arribaba a la zona.


Una primera exposición individual de Kennedy Bahía ocurrió en 1965 en la desaparecida Galería Manoel Querino.[3] Ya a fines de los años sesenta Kennedy Bahía se había posicionado dentro de los grandes nombres de la tapicería bahiana junto a destacados artistas como Rubico y Renot.[4] Según el investigador brasileño Bruno de Campos, Kennedy Bahía, así como Renot, recibieron una fuerte influencia del trabajo pionero del artista-tapicero Genaro de Carvalho (1926-1971).[5] A su juicio, existen elementos plásticos que los acercan entre si, en un momento en que tanto la crítica como el mercado del arte se abrieron a este tipo de arte, visto hasta entonces como secundario. Paralelamente, Kennedy Bahía cultivó buenas relaciones con sus tapiceras a diferencia de Renot, quien debió enfrentar juicios laborales en su contra a comienzos de los setenta mudándose a Sao Paulo.[6]


En 1970, el artista construyó e inauguró un taller con galería,de setecientos metros cuadrados en el barrio de Pituba, en la Avenida Octavio Mangabeira frente a la playa del Jardín de los Enamorados de Salvador, la única vía al aeropuerto en la época. Expuso sus trabajos en óleo, grabados y cerámica, pero fueron sin duda sus tapices los que le dieron fama nacional e internacional. La producción de esa década se perfeccionó notablemente en términos de forma y acabado. Poseía un espacioso atelier, donde trabajaba en la composición de bocetos que luego eran traspasados por sus tapiceras(muchas de ellas provenientes de la isla de Itaparica). Con el tiempo, el lugar se transformó en parada obligatoria de los turistas que visitabanSalvador y su nombre comenzó a unirse a los mayores exponentes del arte bahiano.


Consolidación

Kennedy Bahía, tras el fallecimiento de Genaro de Carvalho en 1971, incorporó a su taller a varias tapiceras que habían trabajado con este último, resultando en un aumento sostenido de la producción y convirtiéndose en el tapicero con el equipo más grande de artesanas de la ciudad.[7] No faltaron las críticas de quienes vieron en sus procedimientos una mercantilización excesiva de su arte al trasladarlo a distintos soportes utilitarios como tazas, platos, jarrones, cerámicos, serigrafías, entre otros.


Vinieron las entrevistas, viajes dentro y fuera de Brasil, el éxito y el reconocimiento. En el año de 1973, en una visita a Brasilia,donó uno de sus tapices al Palacio de la Alborada, ocupado en ese entonces por el General Emilio Médici (1905-1985) en plena dictadura militar brasileña (1964-1985).Su trabajo en Salvador incluyó la apertura de una segunda tienda en el aeropuerto de esa ciudad; también muchos recuerdan una pequeña galería abierta en los años setenta por el artista en la calle Carlos Gois del exclusivo barrio de Leblon, en Rio de Janeiro.


Ya en los años 80, Kennedy Bahía consolidaría definitivamente su trabajo con exposiciones en todo Brasil. También es recordada su participación junto a la empresa textil brasileña Artex – oriunda de Blumenau, estado de Santa Catarina – donde su fundador, el empresario y político Carlos Zadrozny (1926-1990) lanzó una serie de toallas firmadas por el artista. Pese a ello, la inexistencia de documentos que indiquen una cronología de sus muestras ha dificultado la identificación de su trayectoria, donde la única referencia lo constituye un catálogo de una exhibición realizada en el año 1980, titulado Kennedy Bahía: uma arte, umesforço, umaluta.[8]


Su frecuentado y exitoso atelier funcionó hasta comienzos de los años noventa. Por esa época, según Bruno de Campos, su producción de tapices comenzó a declinar y su trabajo se orientó mayoritariamente a la pintura de óleos y grabados inspirados en la figura de la mujer bahiana.[9] Artista autodidacta, algunas creaciones de ese periodo dan cuenta de su preocupación con el retrato mediante el estudio del desnudo y las distintas variaciones de un tema muy abordado por los artistas brasileños del siglo XX: el mestizaje.[10]


De ello, se desprende una valorización de la diversidad mestiza de esta región de Brasil, adonde en el periodo colonial fueron traídos más de 1,5 millones de esclavos africanos a trabajar en las haciendas de caña de azúcar[11]. Por ello, la presencia no solo de los elementos humanos sino también de la religiosidad y el sincretismo afrobrasileño están presentes en su obra mediante la incorporación de recursos iconográficos propios del Candomblé y la Umbanda.


Un accidente vascular en 1990 limitó su trabajo, pero un segundo derrame en el año de 2000 terminó por dejarlo en silla de ruedas, falleciendo tiempo después en 23 de septiembre de 2005.


Consideraciones finales

La obra de Kennedy Bahía ha empezado a cobrar un inusitado interés en el mercado brasileño del arte reciente. Distintos profesionales de la arquitectura y del diseño han puesto en valor sus tapices en distintos proyectos de interiores y actualizado su propuesta gráfica. A su vez, martilleros y casas de remates en Brasil han contribuido a rescatar piezas provenientes de todo el país, así como de las distintas épocas de producción del artista.


La simplicidad, síntesis y coloridos de los tapices de Kennedy Bahía constituyen elementos característicos de su productiva trayectoria, trabajo que hoy su hija Cintia Kennedy viene desarrollando y proyectando en distintos soportes, efectuando de paso un rescate de la memoria de esta obra gráfica y visual. Cintia Kennedy recibió de su padre, antes de su fallecimiento, un conjunto de trabajos del artista que le han permitido continuar la difusión de su arte mediante piezas bajo encomienda en Salvador, venta de productoscon reproducciones gráficas así como la comercialización de piezas originales por redes sociales.


Fuentes de Información y Bibliografía

Archivo del historiador y diplomático chileno Javier Matta Manzano (2020).


De Campos Dantas, Bruno Carneiro. A Tapecaria Artística da Bahia nas décadas de 1960-1970.Tesis de Posgrado em Artes Visuales, Universidad Federal de Bahía (UFBA), Salvador, 2014.


Entrevista a Cintia Kennedy: https://www.arrematearte.com.br/artistas/kennedy-bahia-1929

Gomes, Laurentino. A Escravidao (La Esclavitud). Editorial Globo Livros, Rio de Janeiro, 2019.


NOTAS


[1] Sus padres se llamaban Juan Kennedy y Domitila Maderos. La fecha de su nacimiento y otras informaciones biográficas se basan en el Registro Civil de Chile y fueron aportadas por el historiador y diplomático chileno Javier Matta Manzano, quien se desempeñó como Cónsul de Chile en Brasilia entre los años 2016 y 2020.


[2] En 1961 recibió una visa del Consulado General de Brasil de Santiago de Chile, constando ser soltero, chileno e industrial residente en Calle Francisco de Aguirre 4214, depto. D, Ñuñoa, Santiago. Archivo del historiador y diplomático chileno Javier Matta Manzano (2020).


[3] Pág. 107. De Campos Dantas, Bruno Carneiro. A Tapecaria Artística da Bahia nas décadas de 1960-1970. Tesis de Posgrado em Artes Visuales, Universidad Federal de Bahía (UFBA), Salvador, 2014. Disponible en: http://www.ppgav.eba.ufba.br/sites/ppgav.eba.ufba.br/files/a_tapecaria_artistica_da_bahia_nas_decadas_de_1960-1.pdf


[4] Pág. 12. Ibid.


[5] Pág. 81. Ibid.


[6] Pág. 114. Ibid.


[7] Pág. 134. Ibid.


[8] Pág. 152. Ibid.


[9] Pág. 141. Ibid.


[10] El rescate y la valoración de la población mestiza en Brasil se inicia con la pintura del siglo XX de la mano de los modernistas brasileños de la Semana del 22. Figuras como Tarsila do Amaral con su icónica obra A Negra de 1923; Portinari con su obra Mestizo de 1934; Djanira y sus pinturas de fiestas populares y religiosas, pero, principalmente la productiva obra de Emiliano Di Cavalcanti (1897-1971) que tuvo una enorme influencia en los artistas brasileños de la segunda mitad del siglo XX.


[11] Pág. 258. Gomes, Laurentino. A Escravidao(La Esclavitud).Editorial Globo Livros, Rio de Janeiro, 2019.


Fonte: Critica.cl

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